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Café, vestuario o servicios: Cualquier actividad es buena para emprender

El café de Santa Rosa se conoce muy poco y esa fue la oportunidad que aprovecharon los hermanos Romero.

Cuando se trata de crear un negocio propio, lo importante es buscar oportunidades y asesorarte para fundar una empresa y lanzarte al mercado.

Eso es lo que pensaron Dulce y Álvaro Romero García, dos hermanos que decidieron ingresar a la caficultura con Café Ambrosía de Guatemala.

“Ambrosía significa elixir o alimento delicado y delicioso de los dioses, porque para nosotros, nuestro café es placentero y lo producimos desde Cuilapa, Santa Rosa, para el mundo”, dice Álvaro, al agregar que en ese departamento hay mucho cultivo de café, pero no figura en las regiones tradicionales.

“Quisimos emprender con una marca que ha crecido con nosotros. Se comercializa como commodity por ser café en grano, lo que tiene la menor retribución en la cadena de café, pero igual, nos lanzamos por tratarse de un producto más completo por ser tostado y listo para percoladora o en grano para moler”, agrega Dulce.

Por el momento, Ambrosía tiene tres años en el mercado nacional y busca oportunidad de exportación, ya que es 100% café, sin saborizantes ni aditivos. Normalmente, los cafés de exportación se encuentran en variedades ácido, dulce o achocolatado, mientras que este se halla entre la acidez y la dulzura.

Se cultiva en finca propia y se realiza todo el proceso para garantizar la trazabilidad. La cosecha se realiza de octubre a enero y la producción anual es de aproximadamente 600 quintales oro.

Mientras llega el momento de exportar, para lo cual solicitaron el apoyo de la Asociación Guatemalteca de Exportadores (Agexport), Ambrosía se suministra a empresas, instituciones y restaurantes.

El mensaje para los emprendedores de la caficultura es que “deben saber lo que tienen y que lo que están cosechando es un producto muy valorado, aunque sea internamente. Afuera, todo el café de Guatemala es aceptado, bien posicionado y vale la pena intentar ese esfuerzo.

Hay que aprovechar lo que se produce en Guatemala porque es una bendición y es de los productos que pueden llegar a mercados internacionales. Si hay amor por lo que se produce, hay que buscar oportunidades y cumplir todos los requerimientos”.

Alta costura con textiles nativos

Hace varios años, la diseñadora de modas Anita Lara comenzó a crear piezas con textiles mayas (pantalones, sacos y blusas) y se convirtió en coleccionista de güipiles antiguos, considerando que ese arte está desapareciendo.

Inició su producción solo con el apoyo de un sastre y hoy cuenta con 7 colaboradores, entre vendedores, asesores de moda y operarios, quienes producen y venden unas 30 prendas cada mes, cada una de las cuales conlleva hasta 50 horas de trabajo, por lo que los precios van de Q700 a Q10,000.

Debido a que el mercado guatemalteco para productos de lujo es pequeño y se satura rápidamente, Lara vio potencial en Estados Unidos, Europa y Latinoamérica, por lo que se trabaja sobre pedidos que recibe en canales digitales y cada pieza se confecciona de forma diferente, pues uno de los objetivos de la marca es empoderar a la mujer con prendas únicas.

Antes de la pandemia, se llevaban a cabo cuatro desfiles cada año, los que se retomarán cuando se pueda garantizar la bioseguridad de los visitantes. Por lo pronto, continuarán trabajando de esa forma, mientras se preparan para la internacionalización de sus productos y se abre un canal directo de e-commerce.

 

Elmar González, del equipo de Anita Lara, explicó que las prendas que se confeccionan son únicas.

De todo para el paciente diabético

La doctora Fabiola Prado se especializa en diabetes y su esposo es médico internista. En el interior del país se dieron cuenta de la necesidad de tratar a personas con ese padecimiento e iniciaron sus actividades profesionales en su clínica médica.

Sin embargo, no sabían nada sobre el mundo empresarial (finanzas, organización, etc.), “porque a los médicos no nos enseñan cómo competir”, pero aprendieron gracias al apoyo de los técnicos de Agexport, quienes les ayudaron a estructurar su plan de innovación, con lo que ya ampliaron sus servicios a medicina interna, diabetes, síndrome metabólico, oftalmología, nutrición, ejercicio, ortopedia especializada en pie diabético y electrocardiograma.

Según su experiencia, lo más exportable de sus servicios son las consultas virtuales, diagnóstico y prescripción, aparte de que el monitoreo puede realizarse a distancia, lo que ya practican con pacientes en departamentos de todo el país.

“El año 2020 fue de cambios, lo que nos preparó para los retos y uno de ellos fue la digitalización de los récords. Salimos del cascarón, aprendimos competitividad y también el manejo de redes, pues se trata de acostumbrarse a cosas que no se medían, como los tiempos que esperan los pacientes.

Los mercados externos que tenemos previstos son Centroamérica y el Caribe, el sur de México, embajadas y grupos comerciales residentes en el país, pues los sistemas de salud se parecen mucho y el problema de diabetes es universal”.

Y su mensaje a los profesionales es que “lo más difícil es trabajar con sistemas de gestión de calidad, ya que los médicos no están acostumbrados a trabajar con ese tipo de metodología, pero hay que hacerlo”.

 

La doctora Fabiola Prado sugiere no temer al manejo de una empresa y afrontar los retos que trajo la pandemia.
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